Día de Muertos 2020 – Historia, Frases, Disfraces, Imagenes, Ofrendas, Calaveras, Dibujos

Cada año durante los primeros días de noviembre, México se inunda de luz, color y música. Paradójicamente, es la muerte quien llena de vida las calles.

Se trata del Día de Muertos, una tradición que ha perdurado a través de los siglos y quizás la celebración más representativa de la cultura mexicana. De hecho, en 2003 la UNESCO catalogó esta festividad como “Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad”. Esto quiere decir que oficialmente se reconoce al Día de Muertos como un crisol de diversidad cultural y una garantía de creatividad permanente (según palabras de la Convención para la salvaguardia del patrimonio cultural inmaterial [PCI]).

Se cree que durante los días 1 y 2 de noviembre, los difuntos vienen a visitar a sus familias, por lo tanto, en estas fechas la muerte debe ser festejada. A forma de bienvenida, las familias construyen en sus hogares coloridas ofrendas repletas de flores, velas, exquisitos platillos típicos, dulces, papel picado, fruta, calaveras de azúcar, fotografías y objetos que pertenecieron a sus difuntos seres queridos.

Muchas veces es creído que el Día de Muertos surgió a consecuencia de la conquista española, no obstante, si bien la celebración fue ligeramente modificada por mencionado evento histórico, la realidad es que es una tradición que tiene orígenes prehispánicos. Desde la época precolombina, las culturas mexica, maya, purépecha y totonaca ya hacían rituales para honrar a la muerte y celebrar a sus ancestros. Además, en esas épocas era común conservar los cráneos para exhibirlos en altares, lo cual es, sin duda alguna, el antecedente a las tradicionales calaveritas de azúcar que se utilizan hoy en día en las ofrendas.

Sin embargo, en sus raíces más íntimas, ¿cuál es el origen del día de muertos?

En México prehispánico, la muerte es el inicio del camino hacia el Mictlán. Para la cultura mexica, el Mictlán es el lugar sagrado a donde van todos los muertos, y para llegar a él cada difunto debe recorrer nueve etapas. Una vez en el Mictlán, los fallecidos tienen un lugar especial a donde ir de acuerdo a su causa de muerte. En el Mictlán permanecen aquellos que murieron por causas naturales, los guerreros fallecidos en batalla van a Tonatiuh Ichan, y finalmente Tonacatecutli es el sitio para las almas inocentes, es decir, los niños que fallecieron a una edad temprana.

Cuando llegaron los españoles, muchas tradiciones y celebraciones indígenas se vieron modificadas a causa de la evangelización. Surgió la famosa imagen de las catrinas, los altares con elementos rústicos como sangre, cuchillos, huesos y vasijas fueron sustituidos por ofrendas de alimentos, flores, velas y fotografías. Sin dudas, de no ser por la colonización muchas de las tradiciones de México no serían lo que son ahora, y quizá una de las razones por las que este festival es tan maravilloso y lleno de vida, es que está enriquecido, en sus orígenes más profundos, por una combinación de culturas y un fuerte contraste histórico.

Con la influencia española, el Día de Muertos fue fijado a festejarse el 1 y 2 de noviembre, para así coincidir con las celebraciones católicas del día de Todos los Santos y el día de los Fieles Difuntos, respectivamente.

Tradicionalmente, el 1 de noviembre se celebra la visita de los niños, mientras que el 2 de noviembre el regreso de los adultos. En algunos Estados del país, las celebraciones comienzan desde el 25 de octubre. Las fechas varían, pero el 28 de octubre también se conmemoran las almas de aquellos que murieron en un accidente y nunca llegaron a su destino o que sufrieron una muerte violenta; el 29 de octubre a los ahogados; el 30 de octubre a las ánimas solas y olvidadas que no tienen familiares que los recuerden, así como a los huérfanos y a los criminales; y, finalmente, el 31 de octubre a los limbos, es decir, los bebés que nunca nacieron o que no recibieron el bautismo.

Con frecuencia el Día de Muertos es confundido con Halloween (o “Noche de brujas”), e inclusive se llega a utilizar como un sinónimo, sin embargo, es muy importante recalcar que se trata de celebraciones enteramente diferentes. Halloween es un festejo pagano de origen celta y europeo que se lleva a cabo el 31 de octubre. Esta fecha, en sus raíces, corresponde al festival Irlandés Samhain, que significa “fin del verano”. Se celebraba al finalizar las cosechas y daba comienzo al nuevo año celta. En estos días se creía que los espíritus de los difuntos caminaban entre los vivos, y se realizaban ritos sagrados para comunicarse con ellos. Los vivos, para ocultarse de los muertos, se disfrazaban para confundirse con ellos y pasar desapercibidos.

¿Lo ves?, Aunque ambas celebraciones involucran el retorno de las ánimas, el Día de Muertos y Halloween tienen connotaciones completamente distintas.

El Día de Muertos ha trascendido a través de 300 años de colonización española, un siglo de independencia y diez años más de revolución. Los mexicanos se ríen de la muerte. Se carcajean con ella y hasta se la comen en calaveritas de azúcar. La muerte es cercana, familiar, cotidiana. La muerte es parte de la vida del país. Bajo los ojos del resto del mundo, resulta difícil entender por qué en México se celebra a la muerte, y por esto que es una tradición que causa tanto revuelo e interés a un nivel internacional.

Ahora bien, ya hablamos de sus orígenes y bases, no obstante, ¿realmente cómo se vive el Día de Muertos en México?

El Día de Muertos es una amalgama de elementos llenos de color, historia y significado. Quizá el componente más importante y representativo sean las ofrendas.

Las ofrendas, también llamadas altares, son instalaciones domésticas que tienen la finalidad de recibir a las almas que vienen a visitar sus hogares y familias. Es creído que las velas iluminan el camino para que los difuntos puedan volver a casa. Tan sólo por una noche, las familias mexicanas conmemoran la muerte de sus seres queridos, les reciben de vuelta en sus hogares, y, por medio de las ofrendas, les recuerdan cómo es que vivieron y cómo es que siguen siendo amados aún en la muerte.

Las ofrendas son un espectáculo y un arte. Aunque existe una composición básica para hacerlas, la realidad es que cada Estado del país (algunas veces hasta cada municipio) acuña su propia manera para montar las ofrendas. Por ejemplo, en Michoacán no puede hacer falta un arco de flores formado por un cuadrado, un rectángulo y una estrella de seis picos. En Yucatán, siempre debe ofrecerse a los difuntos un poco de Xek, una mezcla de cítricos con sal y chile. En Guanajuato, es imprescindible que el altar cuente con un camino de tierra, para conmemorar el largo camino que realizaron las almas en su visita. Y un caso aún más particular es el de Coatetelco, del Estado de Morelos, en donde todo el país reconoce que se construyen las famosas “ofrendas colgantes”. Éstas son elaboradas con una base de carrizo envuelto en hojas de plátano. La plataforma se cuelga de las vigas del techo, y en ella se exponen platillos con mole, velas y demás pertenencias de los queridos difuntos.

De la mano de las ofrendas, viene otro aspecto que todos los mexicanos esperan con ansias en el Día de Muertos: la comida típica. Existen algunos platillos que es tradicional encontrar en estas fechas, como el pozole, los tamales, empanadas de calabaza y mole rojo, amarillo y verde. Sin embargo, estas delicias también pueden ser disfrutadas en otras épocas del año; lo que es realmente especial, es la gastronomía que se prepara exclusivamente para Día de Muertos:

El pan de muerto, que consiste de panecillos redondos espolvoreados con azúcar o ajonjolí. Es un elemento de origen prehispánico, y representa los huesos de los difuntos; Las coloridas calaveritas de azúcar, las cuales son usadas en los altares, no obstante, todos también disfrutan de comerlas; La cajeta de muerto, que es preparada exclusivamente en Guanajuato y consiste de camote hervido con guayaba, nuez, piñón, almendra y piña.

Con un origen menos prehispánico, es fundamental mencionar la característica imagen de la catrina y su pareja, el catrín. Las catrinas son reconocidas mundialmente y conforman una parte importante del Día de Muertos. Su origen se remonta al siglo XIX, cuando México experimentaba un fuerte contraste de jerarquías entre los individuos de sangre española y aquellos puramente indígenas.  La catrina surge como una burla hacia los indígenas que pretendían ser europeos, de ahí que las ropas típicas de la catrina y el catrín sean exuberantes y coloridas; en un intento exagerado por parecer elegantes, la apariencia termina siendo más cómica que pomposa. Con el paso del tiempo, la imagen de la catrina ha evolucionado y hoy en día se le representa de múltiples maneras, desde la tradicional catrina vestida primorosamente y el catrín mariachi, hasta vestirla de novia o embarazada.

Otro elemento precioso y de gran importancia son las flores, ya que pareciera que incluso la naturaleza supiese cuándo es momento de dar la bienvenida a las almas visitantes. Y es que, durante Día de Muertos, México se cubre con el naranja del Cempasúchil, cuyo color representa la alegría y su aroma es valorado por atraer a los muertos. El nombre de esta flor proviene del náhuatl cempohualxochitl que puede ser traducido como “veinte flores” o “cuatrocientos pétalos”. Así mismo, en las ofrendas hay racimos de nube, que son pequeñas flores blancas para simbolizar la pureza. De forma menos tradicional y con un origen que no es íntimamente mexicano, durante Día de Muertos también se utilizan ramos de terciopelo y claveles, ambas flores relacionadas con la muerte y el homenaje.

Otro elemento tradicional es el papel picado, y te sorprenderá notar que un componente en apariencia tan simple, pueda tener tanta historia y significado de trasfondo. El papel picado comenzó a ser fabricado por las hábiles manos de artesanos en Puebla, en un pequeño poblado llamado San Salvador Huixocolotla.

El arte era transmitido de padres a hijos, y pronto comenzaron a vender sus trabajos a pueblos vecinos. Se sabe que llegó a Tlaxcala y posteriormente a Ciudad de México. De ahí comenzó a esparcirse hasta llegar a todos los rincones del país, y ahora es posible apreciar el papel picado, sin falta, en cada una de las ofrendas que avivan al país durante el Día de Muertos. No obstante, lo sorprendente es que el origen del trabajo del papel proviene de la cultura china, de ahí que al tipo de hoja se le llame “papel de china”. Este material comenzó a ser utilizado en Europa durante el siglo XVI. Pero entonces, ¿cómo es que llegó a México?

Al igual que las catrinas, este elemento fue acuñado por la cultura mexicana gracias a la colonización. Bajo la influencia y dominancia española, aproximadamente a mediados del siglo XIX, los peones eran forzados a comprar sus productos en las tiendas de raya en las haciendas, y entre esos productos se encontraba el papel de china. Los mexicanos siempre han sido reconocidos por tener una gran destreza y creatividad manual, y es así como, por iniciativa propia y a forma de pasatiempo, iniciaron a trabajar el papel hasta lograr crear una completa artesanía: el papel picado.

Además de estos elementos característicos que llenan de vida y color al Día de Muertos, también es primordial mencionar las actividades, ritos y festejos que se llevan a cabo, ya que sin lugar a dudas son fundamentales para que estas fechas estén llenas de celebración. Estos eventos varían de acuerdo al Estado del país y algunas veces inclusive dependiendo del municipio, sin embargo, hay varios casos adecuados para ejemplificar y dar un pequeño vistazo de cómo se vive el Día de Muertos.

En lo que es ahora Pátzcuaro, Michoacán, existió la cultura Purépecha. Aún se conservan las tradiciones prehispánicas, y bajo esta influencia la celebración a los muertos comienza el 31 de octubre con un evento llamado Uirisi-Atakua o bien “casa del pato”. Básicamente consiste en salir durante la madrugada a cazar patos al lago de Pátzcuaro para después comerlos durante el festejo. Así mismo, las familias visitan el panteón para hacer una velación. La velación consiste en llevar velas y flores a las tumbas, para así animar a que las almas despierten y partan a visitar a sus seres queridos en los días siguientes.

En Oaxaca es muy representativo el crear enormes tapetes con patrones y dibujos elaborados de aserrín o arena. Muchas veces se complementan con flores y velas, y tienen la intención de representar hechos de la muerte. Así mismo, en Xoxocotlán, muy cerca de la Ciudad de Oaxaca, se lleva a cabo una velada en los panteones de San Sebastián y Mictláncíhuatl. Por último, también son tradicionales las “comparsas” o “muertadas”, las cuales consisten en desfiles llenos de música y disfraces de calaveras y catrinas para festejar a la muerte.

Visitantes de todo el país y el mundo van a Huaquechula, en Puebla, para visitar las monumentales ofrendas de los hogares. Se trata de altares de siete niveles, los cuales se cree que llevan al cielo las almas de los difuntos seres queridos. En la actualidad, una familia llega a gastar hasta 40 mil pesos mexicanos (cerca de 2 mil dólares estadounidenses) en construir su ofrenda monumental. Todo con la finalidad de alabar y honrar a sus difuntos.

En la Ciudad de México, la capital del país, el Día de Muertos se celebra con revuelo. Aquí tiene lugar la Feria del Alfeñique, en donde se venden tradicionales dulces como las figuras de pepita, calaveras de azúcar y chocolate y demás dulces típicos mexicanos. Así mismo, se aprovecha para sacar a relucir lo mejor de la cultura mexicana con exposiciones, conferencias, espectáculos de danza tradicional, música, teatro, muestras gastronómicas e incluso presentaciones de libro, talleres, proyecciones de video y concursos. En el parque ecológico Xochitla, se realizan representaciones del recorrido por el Mictlán, conciertos, fogatas y recreaciones del juego de pelota indígena; todo esto como parte del Festival de Noche de Muertos que toma lugar anualmente.

En Aguascalientes se celebra un festival totalmente exclusivo de este Estado: el festival de Las Calaveras. Está inspirado en la obra de José Guadalupe Posada “La Garbancera” (mejor conocida como la imagen de “La Catrina”, nombrada así por el famoso pintor Diego Rivera). Este festejo dura 10 días durante los cuales la ciudad se transforma y todos los habitantes se disfrazan de calaveras. En este periodo de tiempo se realizan cerca de 180 actividades, entre las que se pueden destacar un desfile con más de tres mil participantes en carros alegóricos y comparsas, la caminata “Ilumínale los pies al cerro del muerto” con más de cinco mil personas, pabellones gastronómicos y de artesanías, exposición de altares, conciertos, rituales, corridas de toros, obras de teatro y demás demostraciones para exponer la cultura mexicana en su máximo esplendor.

Finalmente, otro Estado en donde se celebra en grande el Día de Muertos es Guanajuato. En el precioso San Miguel de Allende, durante cuatro días se lleva a cabo el festival “La Calaca”, que llena las calles con actividades artísticas, culturales y de entretenimiento relacionadas a la veneración de la muerte.

Aunque es una tradición antigua, el Día de Muertos sigue muy presente en la vida de todos los mexicanos y como patrimonio del mundo. Tan es así, que hemos podido ver su influencia en numerosos elementos del mundo moderno, como por ejemplo en la ficción de películas y novelas:

La película de Macario (1959), protagonizada por Ignacio López Tarso, toma lugar en la víspera de Día de Muertos.

El clímax de la película Once upon a time in Mexico, ocurre en medio de un desfile de Día de Muertos.

La película de animación mexicana de “La leyenda de la Nahuala” narra una historia que tomó lugar el 1 de noviembre en 1807.

El cortometraje “Hasta los huesos” de René Castillo, es un sublime video que alude el culto brindado a la muerte en México.

Incluso cadenas de programas infantiles han referenciado la celebración mexicana.  En primera instancia, Nickelodeon, en la serie “El Tigre: Las aventuras de Manny Rivera”, dedicó un capítulo especial al Día de Muertos. Por otra parte, en 2017 fue el debut de la ahora famosa película “Coco” por The Walt Dysney Company. La película transcurre en un poblado ficticio llamado “Santa Cecilia”, sin embargo, es muy familiar a los Estados de Michoacán. Con esta inteligente producción cinematográfica, se retrata, en su máximo esplendor, la forma en que el Día de Muertos permite recordar a los queridos difuntos, ya que para los mexicanos la conexión, unión y amor trasciende incluso las barreras de la muerte.

El Día de Muertos es una celebración que encapsula los rasgos más particulares de la cultura mexicana. La ligereza del vivir, el mofarse de lo inevitable y celebrar aquello de lo cual no debería hacerse festejo. México es un país que abraza la muerte, sus habitantes la honran y encuentran en ella sentido para existir.

Aunque a veces sea complicad entender -con ojos extranjeros e inclusive como mexicano- el por qué este país venera a la muerte, realmente es porque en ella los mexicanos han aprendido a ver mucho más allá. La muerte no es tan sólo el final de la vida, sino que la muerte es punto de iluminación; la muerte les permite a los mexicanos ver, apreciar y abrazar sus propios orígenes. La muerte les brinda la oportunidad de recordar sus raíces prehispánicas y ser conscientes de la influencia española que corre por su sangre e historia. El Día de Muertos conecta a los habitantes de este país con su pasado, historia, presente, y futuro inevitable.

Como bien mencionó el famoso escritor uruguayo Mario Benedetti, “Después de todo, la muerte sólo es un síntoma de que hubo vida”.

O bien el argentino Julio Cortázar, “Allá en el fondo está la muerte, pero no tengas miedo”. 

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